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Dubrovnik está en un exclave. Si quieres conducir desde Dubrovnik a casi cualquier otra ciudad Croata, ya sea Split, Rijeka o Zagreb, no te queda más remedio que cruzar una franja de 9 kilómetros de Bosnia-Herzegovina.

Ser de Salamanca es ser de provincias y de ciudad. Es ser mi propio tipo de paleto. El mismo paleto que encuentra emocionante montar en metro pero puede irse a un pueblo de Extremadura y decir sin vergüenza ninguna: “Madre mía, ¡cómo viven aquí!” Es ese paleto el que se ha ido de excursión al otro lado de Croacia con la excusa de poder decir: “¡Madre mía, Bosnia-Herzegovina!”

Nada más volver a Croacia está Kiek. Un pueblito al que se mira desde arriba por la serpenteante carretera que recorre la costa. No es bonito salvo por el turquesa de sus aguas en un entrante de la costa. Es un sitio en el que el paleto piensa: “Un café, ahí, frente a la puesta de sol, ya verás”.

Y en la terraza, una mesa; y en la mesa una señora, entrada en años y en carnes. De las que dejan el bastón sobre la mesa junto a la tablet y el café. Una mujer que lee un libro mientras el dueño del local le saca una foto con el móvil. Que levanta la mirada del libro para pedirle que la repita, que se asegure de que sale el mar y la puesta de sol, mientras vuelve a la pose de lectura. Que pide el móvil de vuelta, deja el libro boca abajo, abierto para no perder la página, y envía esa misma foto. ¿A quién? ¿A hijos? ¿Nietos? ¿A Instagram?

¡Madre mía!

2039

Anoche, tras reunirse en Barcelona con sus compañeros del Partido Popular Europeo con motivo de su estreno en la presidencia de turno de la Unión Europea, el presidente de la República de Cataluña, Pedro Sánchez-Camacho, tuvo que pronunciarse de nuevo sobre la reciente convocatoria del referendum por la independencia de Baviera.

— Una vez más, le digo, hay que recalcar que el caso de Baviera nada tiene que ver con el proceso que siguió Cataluña. No tenemos que dejar ninguna duda, de que la Unión Europea debe fundamentarse en el respeto al orden Constitucional de los estados miembros. Ese referendum ha sido anulado ya por el Tribunal Constitucional Alemán y por lo tanto no se ajusta a derecho, por lo que nosotros siempre nos vamos a situar de lado de nuestros socios europeos y frente a aquellos que antepongan la consecución de unos intereses politicos al respeto a la legalidad alemana.  Y finalmente recordarles, que incluso si decidieran recapacitar y organizar dicho referendum de manera legal, lo que es indudable es que de producirse la independencia de Baviera, el estado resultante quedaría fuera de la Unión teniendo que solicitar de nuevo un ingreso que debería aprobarse por unanimidad, incluyendo el voto de Alemania. Supongo que a estas alturas, no hace falta recordarles la década de bloqueo que nos supuso a nosotros, y más que podría haber sido de no haberse producido la salida de España de la Unión Europea en el año 36.

El cisne

El avión sale a las 12:45. Hay que estar ahí a las 10:45. El tren tarda tres cuartos de hora y a la estación hay otra media hora. Habría que salir sobre las 9:30 de casa.

Pero las 9:30 se convierten en las 10:10. Y esos 40 minutos se convierten en avaricia: “Esta aplicación dice que en Uber se tarda la mitad que en metro así que, ¡a la mierda!” No me quiero quedar sin vacaciones aunque hoy habría venido fenomenal que todos los camiones que atraviesan la city se cogieran un descanso. Descanso como el que le damos al conductor del Uber después de 25 minutos prácticamente parados. Con la carrera son las 10:55 cuando por fin salimos en el tren. 40 minutos + avaricia = 1 hora de retraso.

Pero llevábamos dos de margen. No preocuparse. Lo bonito del tren, en vez del autobús es que es como una especie de cápsula temporal. Te subes por un extremo y sales por el otro a la ho

Un momento, ¿cuánto llevamos parados?

— Hola, señores pasajeros, tengo que pedirles disculpas pero estamos siendo retenidos porque hay un cisne en las vías. Le estoy viendo, de hecho, ahora mismo, delante de mí. En cuanto lo retiren podremos reemprender la marcha.

Un cisne.

Un puto cisne, joder.

Veinte minutos para sacar a un cisne de una vía de tren.

Clase Business

— Pero señorita, ¿qué mamarrachada es esta?

— Disculpe, ¿hay algo que no está bien?

— ¿Pero qué es todo este espacio?

— ¿Perdón?

— Mire, puedo poner mi asiento completamente en horizontal. ¿Qué habéis hecho?

— Ah, disculpe, que no le entendía. Es algo nuevo que estamos probando. Le ha tocado una mejora a clase business.

— Pero esto no es por lo que he pagado.

— No se preocupe, no le vamos a cobrar.

— Ya, pero aun así. Soy usuario del avión desde hace muchos años, casi desde sus inicios. De todas las cosas que habéis intentado, ésta, sin duda, es la más disparatada. ¿No se da cuenta que es precisamente es esa limitación de espacio la que hace que volar sea especial? Si quisiera viajar cómodo y con espacio, me cogería el transatlántico, pero el avión no se creó para viajar así. Cuando viajo en avión aprendo a ser más cuidadoso con el equipaje que voy a llevar o con la ropa que me voy a poner. Es precisamente esa limitación la que me ha hecho desarrollar muchas habilidades que luego he encontrado súper útiles en mi día a día.

— Entienda, caballero, que este vuelo es de 12 horas. Hay gente de todo tipo y muchos agradecerían un poco de comodidad a la hora de viajar. Por cierto, ¿va a querer zumo o champán?

— Claro que lo entiendo. Hace tiempo que vengo oyendo a muchos pasajeros quejarse en otros vuelos y no lo soporto. No creo que esta sea una decisión adecuada. Deberíais enseñarle a toda esa gente que al avión se viene a ir apretado, no al despatarre en esta… ¿cómo ha dicho que se llama?

— Clase Business.

— ¡Clase Business! Es que, encima, vaya mierda de nombre.

Chulería castellana

He leido hoy que:

“Desde el gobierno central, y también desde Castilla, jamás se ha tenido el menor interés en esa España ‘espiritualmente federal’, ‘plurinacional’ o como lo quieras llamar” cita.

Y posiblemente sea verdad. Posiblemente hemos estado tan ocupados envejeciendo y menguando como población, desparramados por una meseta que parece hacerse más grande cuanto menos somos. Pero es que había más:

“Ese modelo afectivo de Estado, que no es fruto de la unión de los pueblos de España sino del expansionismo y la chulería castellanas…”

Chulería castellana. Una de esas cosas que lees y te hace repensar toda tu experiencia, como si de un final a lo ‘El sexto sentido’ se tratase.

Chulería castellana debe ser hacer los 100km entre Salamanca y Valladolid esquivando camiones, para ir de compras al Corte Inglés. O tardar casi 3 horas en tren a Madrid para ir al oculista. O ir a ver a los abuelos a León desviándote por Tordesillas para poder ir por autovía; haciendo 35km más pero llegando exactamente a la misma hora. Chulería castellana es que cuando por fin tenemos un tren decente de Salamanca a Madrid, te recuerden en Ávila que ellos están a la mitad de distancia y tardan lo mismo.

Chulería castellana es no saber si estas referencias se van a entender fuera del terruño, porque alguna vez me han preguntado, con mucha identidad nacional:

— ¿Ávila, eso dónde es?

— A una hora de Madrid

— Sí, pero dónde, ¿La Mancha? ¿Extremadura?.

— …

Chulería castellana es llegar a la universidad y descubrir la muletilla de los gallegos: “Uy es que en Galicia esto funciona mucho mejor.” Uno de ellos, de mis mejores amigos, incluso nos decía: “Tardáis muchísimo en hacer las autovías en Castilla.” Chulería castellana debe ser no saber asfaltar la meseta. Chulería castellana supongo que también es escucharles, hablar con orgullo de su tierra y de lo que han conseguido y en vez de pensar que les sobra, recordar que a nosotros nos falta.

Los castellanos chuleamos, sí. Chuleamos mucho. Chuleamos qué morcilla es mejor, qué catedral más bonita o quién le mete más baza a los de Valladolid. Chulería castellana es la que me va a caer cuando algunos vean que estoy incluyendo León, Zamora y Salamanca en el pack. Chulería castellana es el silencio y la distancia. Chulería castellana es que te recuerden que Teruel existe y no darte cuenta de que Soria no pilla de camino para nada hasta que decides hacer la excursión a Barcelona atrochando en vez de dar la vuelta por Madrid o por Burgos.

La chulería castellana no da para pensar en identidades, porque casi no sabemos ni a dónde vamos o a dónde podemos ir. Es ver los poquitos que somos y lo lejos que estamos. La chulería castellana supongo que debe ser callar y trabajar.

Los tres mosqueteros

Hay que agradecer a esos tres mosqueteros alcaldes del sur de Francia que por primera vez en esta discusión han aceptado que la auténtica motivación para prohibir el burkini es una cuestión únicamente racista que poco tiene que ver con la defensa de los derechos de la mujer musulmana. No molesta ni una surfista con un neopreno, ni una chica en vaqueros y con una sudadera con capucha y gafas de sol, pero ese velo, me haces el favor y te lo quitas ya mismo.

Hablando de mujeres musulmanas. [Cuidado que me voy a poner en plan queguaysoyquevivoenLondres] Viviendo en esta ciudad, he acabado conociendo a mucha gente diferente a mí, musulmanes entre ellos (musulmanes y musulmanas, entiéndase, que todo hay que aclararlo). En concreto, mujeres, puedo contar cuatro en el último año: dos británicas, una holandesa y una francesa. Todo países lejanos y exóticos, como podéis ver. Sólo una venía a trabajar con el velo, el velo nada más eh, de cuello para abajo no se diferenciaba mucho de lo que te pondrías tú; otra no tiene problema en tomar una copa de vino o un cocktail, aunque en casa con su familia lo evita porque no quiere tener a sus padres dándole la brasa (ya, costumbres extrañísimas, yo tampoco salgo de mi asombro); otra contaba cómo sus padres la habían educado en el islam desde pequeña, pero desde la adolescencia pasa de todos esos rollos y no se priva ni del cerdo; y a la última la he contado, aunque nunca me llegó a hablar de religión, sólo porque he atado cabos entre el país de procedencia de su familia y el hecho de que siempre rechazase cualquier bebida con alcohol que le pudieran ofrecer. Sí, mi conclusión puede resultar racista, pero prefiero vivir con dudas sobre la fé de una compañera de trabajo que preguntarle “uhm, no bebes alcohol, ¿no serás musulmana?” y quedar como un capullo integral. Especialmente sorprendentes me han resultado algunos comentarios sobre sus loquísimas e integristas actividades en su tiempo libre como hablar por snapchat con el chaval que les hace gracia o irse de fin de semana a Barcelona con un par de amigas.

Y mira, si me vas a venir ahora con que “bueno, pero es que lo que me describes ahí no son musulmanas de verdad”, te puedes ir a tomar por c

No, vale, no te vayas, pero aclárame una cosa. Te parece mal que alguien les ponga el velo, pero no hay musulmanas sin velo, porque si las hay es evidente que no son musulmanas, porque solo deben elegir entre ser musulmanas, someterse y volver a su país, o abrazar un estilo de vida occidental… No sé si sigo esa lógica pero tengo tres amigués que llevan una temporada de juerga y que seguro que no les importa tomarse otra cerveza contigo. Se llaman: liberté, fraternité y egalité.

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P.D. vélica: No, claro que no me parece bien que nadie obligue a una mujer a taparse. Y mujeres tapándose, por fé, por pudor o por una sociedad conservadora y desigual, desgraciadamente las hay desde en un convento hasta el lejano oriente (donde, por cierto, no es raro ver a las chicas bañarse en la playa con camiseta). Y no, no tengo ni idea de cómo se puede impulsar una visión más abierta e igualitaria de la vida. Pero sí que sé cómo no lo vamos a conseguir: gritándoles, invitándolas a marcharse de su país u obligándolas a quitarse la ropa que llevan puesta, sea por voluntad o por obligación.

El árbol

— Han puesto una escultura de un árbol en el Tate Modern.

— ¿Un árbol?

— Un árbol, sí, un árbol. La verdad es que de entrada parece un árbol de verdad. Como si alguien hubiese cogido un viejo árbol seco, con tronco grueso y muchas ramas y lo hubiese transplantado tal cual a esa sala.

— ¿Cómo? Una escultura, de un árbol, ¿de madera?

— Sí. Ya te digo que al principio da el pego pero cuando lo miras ves que las partes no encajan y que están unidas con una especie de tornillos largos que atraviesan las ramas y el tronco de lado a lado.

— ¿Cómo que no encajan?

— Pues como que no encajan. Es una escultura, de un árbol y de madera, hecha a partir de trozos de otros árboles. Es imposible que encajen. Pero la forma es la de un árbol

— Pero bueno, ¿y eso es arte?

— Y yo qué sé. Lo único que digo es que en conjunto, ese árbol grande en el vestíbulo del Tate, con el techo tan alto, es una buena imagen. Ahora, en lo que haya querido decir el autor ya no me meto porque no tengo ni idea.

— ¿Crees que tiene algún significado?

— Lo tendrá, supongo, pero eso sólo lo sabe el autor. Yo, por ejemplo, veo un objeto perfectamente reconocible, porque todo el que lo ve te va a decir que es un árbol. Sin embargo no es un árbol; nunca lo fue. En todo caso fue muchos árboles. Y sí, ves las imperfecciones de la construcción, ves las piezas y ves incluso la forma tan burda y tosca que han elegido para unirlas y que todo tenga sentido, pero a pesar de todo, con que te separes unos metros basta para que vuelva la ilusión de que lo que estás viendo es un árbol. ¿No es algo parecido a lo que hacemos con la Historia?

— Me dejas con el culo roto. Entonces, ¿merece la pena ir a verlo?

— No. No vayas. Es una mierda. Podría haberlo hecho yo. A cualquier cosa le llaman arte.

Mi más rotunda condena

Que sí Mariano, que no te miento. Con la mano en el corazón te puedo garantizar que mi intención es sincera cuando te digo que quiero aprovechar la oportunidad que me das para expresar mi mas rotunda condena a cualquier acto luctuoso con el que mi silencio me pudiera relacionar. No soy ni un maltratador de animales, ni un machista y la dictadura de Corea del Norte me repugna. No tengo ningún problema en condenar la violencia de cualquier tipo ni de cualquier bando. Puedo solidarizarme inmediatamente, si quieres, con los presos políticos de Micronesia si es que existen ahora, en el futuro o cuando sea. Estoy dispuesto a condenar la evasión fiscal, el despilfarro y la corrupción. Todo lo que me pidas.

Y si esto no fuera suficiente, ahora mismo, delante de ti, saco el teléfono y lo dejo escrito y publicado en mi blog, que para eso lo tengo y para que no quede ninguna duda. Aprovecho, además, ya que me das esta oportunidad, para comprometerme a defender la Constitución, las reglas del juego que nos hemos dado y la democracia en general, por lo menos mientras dure y mientras el pueblo y sus representantes democráticamente elegidos no decidan dotarnos de una nueva y mejor (o peor, me da igual. De verdad que no quiero que esto sea un punto de discordia).

Y si me permites, Mariano, y ya para terminar, quiero pedir disculpas a todo aquel que se haya podido sentir ofendido por alguna sola de mis palabras. Lo siento, de verdad, incluso sin saber qué ha causado esa ofensa, lo siento de corazón. Muy probablemente mis palabras hayan sido sacadas de contexto, y si no lo han sido tampoco reflejan al 100% mi parecer sobre el tema en cuestión. Y para que se vea que esta disculpa no es en vano, desde ya mismo me comprometo a que no vuelva a ocurrir. Prometo no hacer ni un solo chiste o comentario más de carácter racista, machista, homófobo, xenófobo, bueno, malo o divertido. Puedo garantizarte que no volverá a ocurrir.

Así que ahora que queda todo dicho, Mariano, por favor, con toda la corrección que he sido capaz de acreditar, dándote los buenos días y las gracias, y pidiendo siempre las cosas por favor, ¿serías tan amable, y sólo si no te resulta ninguna inconveniencia y si tienes un ratito libre, de ponerme un cortado sin azúcar y un pincho de tortilla, por favor?

Tengo un chiste buenísimo

No, no es ni Photoshop ni El Mundo Today. Pero vamos, que a lo que iba.

Resulta que va un día Jaimito a clase.

Mira, Jaimito nunca he sabido cómo se apellida. Es más, dudo hasta que haya existido, así que si Jaimito no existe, probablemente tampoco tenga apellido. Pero vamos, que iba Jaimito a clase.

Bueno, a clase; a ver, todo esto no ha pasado de verdad, es pura ficción. De hecho Jaimito es un nombre poco más o menos que genérico que se usa para contar chistes que gracia gracia no tienen, pero al ser chistes de Jaimito, es muy fácil entender el contexto con sólo introducir al personaje. A fin de cuentas “Jaimito” no se refiere a ningún chaval en particular llamado Jaime, sino que podría representar en realidad a cualquier niño que con esa inocencia sin filtro es capaz de arrancarnos la carcajada. Decir “Jaimito” es muy parecido a decir “uno de Lepe.” Aunque todos sabemos que los de Lepe no han hecho nada para merecer semejante pitorreo, el caso es que nos sitúa bastante bien con sólo tres palabras. Aportando un poco más de contexto podríamos comentar también cómo en algunos sitios de latinoamérica se cuentan chistes “de gallegos”, siendo “gallegos” el término que usan para referirse a nosotros, los españoles.

Pero bueno, que me lío, que os había dicho que un día fue Jaimito a clase.

Sí, es verdad. Que no os he contado a santo de qué viene toda esta matraca con Jaimito. No es más que porque es lunes. Y así como los viernes se hacen más llevaderos, sé que los lunes cuestan un poco más, así que he pensado poneros un chiste que a mí me hace mucha gracia para que con las risas sea todo mucho más llevadero. Así que al tema.

Un día va Jaimito a clase…

Bah. Que mira. Que feliz lunes ¿vale?

Edit @pemacos edition.

Siempre fuisteis los campeones

El Adus al acabar el partido

Me puedo imaginar a Cieza ya mismo. “Ya está el úlRa con sus tonterías y sus cuentitos, ¿te crees interesante o qué?” Y lo sé, bastante toca los cojones perder una final como para tener encima que aguantar esta avalancha de autoayuda recién salida de la librería del aeropuerto. “El partido se podía haber ido a cualquier lado.” “Habéis luchado como auténticos campeones.” “Con la temporada que habéis jugado este partido no lo podíais perder.” “Ya habíais ganado antes de salir al campo.”

-“Ya, pero ¿Sabes qué? Sólo se gana de una manera: ganando; y ayer ganaron otros. Así que ahora déjame que te mande amablemente a la mierda para poder disfrutar de esta resaca de subcampeón.” – Tendríais todo el derecho de decir, pero sé que la mayoría os vais a conformar sólo con pensarlo.

Ya, pero ¿Sabes qué? Sólo se gana de una manera: ganando; y ayer ganaron otros. Así que ahora déjame que te mande amablemente a la mierda para poder disfrutar de esta resaca de subcampeón.

Que tengáis una cosa muy clara: vuestro partido me da igual. Estas líneas nacieron en el tren el viernes y han cambiado muy poco desde entonces. Porque no necesito un partido más para saber lo que sois.

Los que estáis ahí, sabéis qué clase de gente hace falta para recibir un 42-19 y volver celebrando que les habíamos metido tal andanada de placajes que ya no querían ni un balón más. Sabéis quién sale corriendo sin pensar más que “voy a chocar con lo que me digas. ¿Ese muro de hormigón? Será un placer”, sólo porque Rafi te ha levantado una ceja. Sabéis qué pegaditos hay que cambiarse en el vestuario para dejar de ver a Cieza o a Yunke poniendo patas arriba al más gordo del otro equipo: “Joder, Thor y el Capitán America juegan conmigo. ¿Lo veis? ¿Lo veis?!!!” Habéis sentido cómo el cabrón de Carmona detiene el tiempo con ese pase al segundo centro: “si llega nos cortamos, pero si se cae vamos otra vez a la melee; ¡Nada puede salir mal!” O lo que es ver llegar a Plaza, sin los años que te sobran y con los centímetros que te faltan y sólo poder pensar: “Actúa normal, que no se te vea preocupado.”

Me recordáis al David, que se pasó millones de años enterrado en el mármol hasta que vino Miguel Ángel y nos regaló el lujo de poder contemplarlo. Hoy sois lo mismo que ayer, lo mismo que habéis sido siempre y lo mismo que seréis a partir de ahora. Siempre fuisteis los campeones, y esta temporada nos ha regalado poder disfrutar desde la barrera viendo lo jodidamente grandes que sois.

Yunke y Cieza
Yunke y Carmona. Alejandro Alek

P.D.: Si os gusta la fotografía, o el rugby, o las dos, no dejeis de pasaros por la página de Alejandro Alek.