Water Monday

This post is in English because if you understand Spanish you probably have already heard me telling this story and if you don’t, I think you are going to enjoy it. Or be completely horrified. I hope it is the first one. Really.

So tradition says in my home town of Salamanca, that such a day as today every year, Salamancans (although we prefer “charros”) will go in the morning to work or school but after lunch we will be on holiday just for the day. Years ago my parents would take me and my sister to meet my grandparents and other friends to go on a picnic to the countryside, eat Hornazo – a shortcrust-ish-like pie with all the good stuff from Salamanca such as chorizo, jamón, sirloin and pork belly in it- and have some outdoors fun. As I grew older I kept doing the same thing but this time with my friends adding also some alcohol to the mix. (Hi mum! Still can’t read English right?). In summary, a local holiday during which the whole city gets absolutely empty because everyone is partying and celebrating outside.

What do we celebrate? Well, that is the fun bit. Back in the XVI century, a young king Philip II came to Salamanca to get married. He was only sixteen years old but what he found here would leave a deep mark in his very catholic soul. By that time Salamanca had a university which had already been running for three centuries, making of it a true temple of knowledge with 8,000 students (take as a reference that Madrid at the time had only 11,000 inhabitants) who wanted as well to have some fun. Actually, to have a lot of fun. Because of this, the king found a city full of all kinds of taverns, brothels and “houses in which the sixth commandment was constantly questioned”, in such a way that “Salamanca was not only the first University of these kingdoms, the most known and old; but at the same time the biggest brothel in Europe, the Sodoma and Gommorrah from the west.”

“Salamanca was not only the first University of these kingdoms, the most known and old; but at the same time the biggest brothel in Europe, the Sodoma and Gommorrah from the west.”

Probably that is why, a shocked king ruled that during Lent and Easter, the prohibition to eat meat shall be respected in all its meanings. Because of that, and in order to prevent all kinds of lustful acts, all those women were expelled from the city and conducted to the opposite side of river Tormes when these days came.

The end to all this happened in the first Monday after Easter Monday – that is, today – in which all the students would cross the river in their boats to get the prostitutes back into the city, celebrating quite heavily in that very moment their return in a way that you can probably imagine by this moment. And because of that this Monday got to be known as lunes de aguas which literally means Monday of water or more simply Water Monday.

Yes, because of that funny story full of alcohol and prostitutes I have been going on a nice picnic with my friends and family every Water Monday I can remember.

P.S.: This is just my quick summary, but even being google translated I strongly recommend to have a look at the Lunes de aguas entry in the Wikipedia.

Imagina

Imagina que sales una noche con tus amigos y ese ángel que creías que te miraba desde el fondo de la barra finalmente se acerca a ti.

Imagina que resulta que no sólo es guapa, sino que además descubres que, pese a lo inteligente que es, le vuelve loca hablar contigo y se ríe a carcajadas con tus gracietas más tontas; especialmente con ese humor tan negro que sólo usas con tus amigos por miedo a que quien no te conozca lo considere bárbaro, rayando lo obsceno.

Imagina que de pronto te dice: “Hablas demasiado, vamos a bailar.” Y tú no has bailado nunca. Ni lo intentas, porque no te gusta. Y allá vas, porque en ese momento cruzarías la séptima puerta del infierno si ella te lleva de la mano. Y bailas (O eso crees.  Tus amigos te recordarán otra cosa por la mañana, pero eso es una historia para otro momento), hasta que tus pies no pueden más y tu camisa y medio pub empiezan a pedirte a gritos una ducha. Y ella ahí sigue, mirándote sin dejar de sonreír.

Imagina que no quieres que llegue ese momento que finalmente llega. Ella se va a su casa. Tú te vas a tu casa, porque nada esta noche tendrá sentido a partir de ahora.

Imagina que llega la mañana.

Imagina que mientras luchas por despertarte alguien besa tu mejilla con cariño. Tratas de imaginar qué golpe de fortuna que ahora no recuerdas la trajo finalmente a tu cama. Y vuelves a revivir la noche entera en menos de un segundo para acabar de nuevo aquí, de vuelta, deseando abrir los ojos y decirle: “Te he echado de menos.”

Imagina abrir los ojos para encontrarte a tu perro Gus, un simpático bull dog francés, tan feo que es bonito, lamiéndote la cara con el mismo amor de cada mañana.

Justo así me he sentido yo esta tarde, cuando casi se me escapa un “Buona sera!”  mientras el agente de fronteras del aeropuerto de Gatwick me decía: “Your passport please.”

Milán
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ParmaIMG_7941-copy IMG_7955 IMG_7960-copy IMG_7965 IMG_7966-copy

 

Cinque TerreIMG_8039-copy IMG_8047 IMG_8077-copy IMG_8094-copy

 

Florencia


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PisaIMG_8302-copy IMG_8309-copy IMG_8311-copy IMG_8315

1%

Si no te ríes con el Cachorro o Bagel, Muffin o Chihuahua o el Perro o Fregona no tienes alma.

Poco necesita Internet para arrancar esa carcajada que te pilla con la guardia baja cuando el ingenio se realimenta consigo mismo. No sé qué se le pasó por la cabeza a Karen Zack (yo por lo menos ya soy fan incondicional), pero sí que intuyo cómo se procedería a partir de ahora en una ciudad como Londres:

  • Un grupo de “expertos” se reunirían. Preferiblemente de pie, y con post its, muchos post its.
  • Donde otros pondrían ingenio, estos “expertos” buscarían datos que les digan más objetos absurdos que se pueden confundir con perros para crear nuevos memes. Yo que sé, alguien miraría al algoritmo de reconocimiento de imágenes de Google a ver qué cosas se confunden más, por ejemplo.
  • Con esto podrían producir decenas o cientos de nuevos memes.
  • Uno de ellos crearía una página en Facebook que podría hacer crecer rápidamente hasta los 100.000 seguidores.
  • En el mejor de los casos nos llenarían el Facebook de mierda que nos hace reír. En el peor encima se sacarían un dinero.

Porque oye, quién necesita alma cuando puedes mejorar tus conversiones un 1%.

Porque no teníamos ni idea

Mejor sin rodeos: Husky y yo nos hemos abierto un podcast que se llama Deuvedé. Porque para sentarte una hora a hablar de algo sin tener ni idea de nada, mejor grabarlo y colgarlo en Internet para que todo el mundo lo escuche bien. Aquí tenéis nuestro primer capítulo.

http://deuvede.com/podcast/01-coches-relojes-y-la-anoranza-de-lo-fisico-ready

Ahora mismo no sabemos cada cuánto vamos a ser capaces de publicar, pero creo que le hemos cogido el gustillo así que trataremos de ir teniendo algo nuevo de vez en cuando.

De momento podéis escucharnos en la página web http://deuvede.com, y seguirnos en Twitter (@deuvede_fm) y Facebook, donde avisaremos cada vez que publiquemos algo. Pero si lo que queréis es suscribiros al podcast y recibir cada nuevo capítulo según lo publiquemos es casi mejor que busquéis “deuvede” en cualquier aplicación de podcasts como iTunes, Overcast o BeyondPod.

 

Mejor abrir la boca y quedar como un idiota

— Ayer me vino una familia con el burka

— Sí, mi vecina se lo ha puesto este año

El primero es un psicólogo, preparándose para ser terapeuta de familia, que hablaba de lo difícil que es analizar el lenguaje corporal de una mujer con burka. Por los gestos que ha hecho creo que se refería a un nikab que sí que deja ver los ojos, pero tampoco le hacía mucho más fácil su situación.

La respuesta se la daba el anfitrión que nos había invitado a todos a cenar en su casa. Francés.

Después de unas cuantas horas de cena, no dejo de darle vueltas a lo que este mismo francés diría más adelante en la comida

En enero, cuando pasó lo del Charlie Hebdo, mi vecino — señalando para la misma casa que cuando hablaba del “burka” — se acercó y me dijo: “Tío, no sabes cuánto lo siento. Esa gente no ha entendido nada”

Y aquí sigo, como todo el día, pensando que hay demasiadas cosas que no son como me han contado.

Oval, la estación de metro hipster

En algún lugar de Dinamarca, Sudáfrica o Singapur, alguien se gana la vida comprando y vendiendo divisas. Su mercancía es el dinero y su tarea se reduce a tratar de comprar dinero a un buen precio para poder venderlo mas caro después. Otros madrugarían para llegar al mercado a buena hora, pero él solo tiene que sentarse delante de un ordenador. Le tiene echado el ojo a las libras esterlinas así que hace un click en la pantalla y teclea una cantidad: 40.000. Un poco más a la derecha otro click: USD. Baja un poco el ratón y sobre un número grande que cambia casi cada segundo, hace click en el momento preciso.

Usted ha vendido 40.000 USD por 25.814.28 GBP a un tipo de cambio de 1.54953

Este mensaje lo conozco porque cada semana me siento con otros tres diseñadores para mirar a alguna variación de uno de estos mensajes. Son variaciones pequeñas del tipo: “En esta confirmación tenemos una frase en lenguaje natural y una colección de datos como números de cuenta, cantidades y fechas; ¿deberían ir primero los datos o la frase?

Y ahí podemos estar horas. Ahí estábamos ayer, sin ir más lejos, tratando de entender por qué hacemos las cosas como las hacemos cuando mi compañera dijo: “Bueno, como leemos de arriba a abajo, creo que los datos deberían ir primero porque son lo más importante”.

Pero un momento, ¿leemos de arriba a abajo?

Música clásica

Vamos a hacer experimento. Antes de seguir leyendo trata de responderme a estas preguntas:

  • ¿En qué estación de metro me bajo?
  • ¿Qué suena por megafonía?
  • ¿Qué libros puedo conseguir ahí?
  • ¿De qué color son los dibujos de la pared?

Hay una posibilidad de que no estés leyendo esto (si lo estás leyendo, más abajo sabrás por qué). Pero si sigues aquí y has sabido responder a alguna de las preguntas sin terminar de leerlo todo es porque no me estás leyendo de arriba a abajo.

Escribir, escribimos de arriba a abajo (y no siempre) pero leer… Si sabes dónde me bajo del metro no es porque hayas leído de arriba a abajo, porque todavía no te he hablado de todo lo que hay en Oval, sino porque estás leyendo esto a dos velocidades (o en dos tiempos).

Thought of the day

Ahora el bloguero petardo que hay dentro de mí debería empezar a explicarte con tono paternalista, que es bastante probable que al seguir el enlace hayáis echado un vistazo para saber de qué iba esto y que seguramente hayas leído primero los títulos, visto luego la foto y que con un poco de suerte te ha picado la curiosidad como para leer un poco más donde, ¡ah! ¡Pobre incauto!, te he soltado toda esta matraca de diseño, divisas y la madre que lo parió a todos, demostrando así con un ejemplo práctico que no necesariamente leemos de arriba a abajo sino a dos velocidades.

Pero no lo voy a hacer. En su lugar te voy a hablar de mi nueva parada de metro.

Y libros de intercambio

Oval: Música clásica, intercambio de libros y thought of the day
Oval: Música clásica, intercambio de libros y thought of the day

Londres tiene demasiada prisa y pocos modales. El metro se llena todos los días de gente con malas pulgas que parece que no tiene ninguna gana de estar donde está: ahí, bien apretadito junto a ti en un tren que os lleva a la city en plena hora punta. Por eso sorprende encontrar a gente que disfruta con su trabajo tanto como para ponerle mimo y cariño a una ciudad que se mueve sólo por el dinero. Y sorprende más aún pensar que esa persona trabaja en algo tan poco glamuroso como una estación de metro.

Me encantaría conocerle, poder contaros su historia e incluso enseñaros una foto. Sin embargo todo lo que sé es que alguien se ha tomado la molestia de abrir a Oval una cuenta de Twitter, de preparar un puesto de intercambio de libros y de escribir cada mañana un “pensamiento del día”, pensamientos que luego se tuitea con otras estaciones como Covent Garden. Y todo ello mientras por la megafonía de la estación suena música clásica.

Música clásica en hora punta del metro de Londres. ¿Cómo mola eso?

Nota: Si no te interesa ni el mercado de divisas ni el diseño y solo estas aquí porque me conoces y quieres saber qué tal me va la vida, mejor que empieces a leer debajo de la foto 😉

El día que llegaron los monstruos

No hay mejor cura de humildad que una invasión alienígena. Tú ríete. Yo también me reía. Y me creía Dios. Pero en serio, hace falta un auténtico Apocalipsis, que deje a la humanidad al borde de la extinción para que seamos conscientes de lo que aportamos cada uno a este planeta y si no, echa un vistazo a mi alrededor.

La de mi derecha es Victoria. Me ha pedido que me aparte un poco para que no le quite nada de luz mientras sutura la pierna izquierda de Richi. Victoria es cirujana en el hospital universitario. Con dos cojones. La verdad es que todo ha sucedido muy rápido. La explosión fue muy fuerte y antes de que pudiera darme cuenta de quién gritaba, Victoria ya me tenía poniendo presión en la pierna mientras registraba como loca la cocina. Ha encontrado un carrete de hilo, de ese con el que normalmente se atan los asados. No había pasado ni un minuto y ya le tenía tendido sobre la mesa cosiendo una herida muy fea. No me preguntéis qué está usando de aguja porque tampoco lo quiero saber. Dice que dadas las condiciones es muy probable que se infecte, pero aun así prefiere lidiar con eso más tarde que dejar que se desangre ahora. Comparto su diagnóstico. Ya. Nadie me ha preguntado, ¿quién me iba a preguntar?

En la puerta están Car y Jon. Car es química en una farmacéutica. Se ha metido hace diez minutos en el cuarto de la limpieza y ha salido con una garrafa de Domestos tuneada con un poco de cinta americana, de la que colgaba un trozo de trapo de cocina. Ha podido acercarse a la puerta del restaurante usando las mesas para no ser vista donde ha prendido la mecha y ha lanzado el invento por la ventana y ha salido por patas. Algo me dice que había algo más que Domestos en esa garrafa porque la explosión ha sido tan grande que se ha llevado a tres lagartos por delante dándonos un poco de tregua por primera vez desde esta mañana. También ha provocado la onda expansiva que ha terminado con la antena de la radio clavada en la pierna de Richi. Sí, Richi es Teleco y estaba tratando de montar una radio con la que poder buscar ayuda porque los móviles dejaron de funcionar hace tres días. ¿Cómo no? Algo bueno tenía que tener, está claro que la humanidad no aprendió por sí sola cuántas fotos de gatitos eran demasiadas. Ahora en serio, espero que lo de la pierna no sea grave.

Jon ahora está revisando la zona para asegurarse de que podemos salir. “No sé qué son esas cosas ni cómo se comunican, pero en el momento que sepan que han perdido a tres de sus amiguitos van a mandar a mucha más gente y no van a estar contentos. Necesitamos salir de aquí. Y armas. Necesitamos armas.” Parece que los militares sólo saben arreglar las cosas con armas, y tal y como está el asunto no voy a empezar a quejarme ahora, pero a ver de dónde sacamos “armas” en el centro de Salamanca.

Éste es el panorama y ésta, a falta de saber lo que ha pasado con la mía, es mi familia por ahora nos necesitamos unos a otros para… ¿Qué? Ah, ¿yo? Sí, por poco se me pasa, qué cabeza. Yo soy diseñador gráfico. Hace tres días toda la humanidad — Bueno, hasta donde yo sé sólo la ciudad de Salamanca, vale, pero algo me dice que no vienes desde tan lejos para quedarte en Salamanca. A no ser que estén buscando piso para el curso que viene, claro. Si vienen buscando piso lo veo chungo porque está todo pillado desde junio — nos enfrentamos a algo que hasta entonces no creíamos ni que pudiera existir. Aquí los cuatro fantásticos han sido capaces de lidiar con lo desconocido, a vida o muerte, simplemente con lo que hacen rutinariamente en el trabajo. Y yo… yo puedo decirte si el menú está escrito en Helvética o en Arial. ¿Cómo te quedas?

Jon dice que está todo despejado y que deberíamos ir marchando. Victoria ha acabado con Richi, que va a necesitar ayuda para moverse así que voy a tener la oportunidad de sentirme un poco útil. Cosa que me da rabia porque le tenía echado el ojo a ese luminoso en Comic Sans que hay frente al restaurante.

— Tío Raúl, tío Raúl, cuéntanos otra vez la historia de lo que hiciste cuando llegaron los monstruos.
— Mirad niños, yo no sabía cómo curar a los supervivientes, no era capaz de construir nada con mis propias manos, ni siquiera matar a nada — ¿O sería nadie? — pero si la humanidad tenía aunque fuera una remota posibilidad de salvarse, pensaba librar al planeta de errores pasados, dejando detrás de mí un lugar más bello que el que me encontré.

Sí, no pienso dejar ni un solo cartel, luminoso o furgoneta rotulados en Comic Sans. Llámame superviviente. Y ni siquiera eso va a poder ser hoy. Está la pierna de Richi como para pensar en la belleza.

¿Me puedes diseñar algo que no se vea?

Coge algo cotidiano. Preferiblemente en el ordenador, aunque si consigo explicarme bien, cualquier cacharro que pilles por casa valdrá. Supongamos que te quedas con el navegador que estás usando ahora mismo. Tómate un minuto y busca algo que no te hayas parado a mirar nunca antes. Algo tan cotidiano que hasta hoy no te habías parado a pensar que fuese un “algo” que poder tener en cuenta. ¿Demasiado difícil? Te echo una mano. Mira a las pestañas de este navegador.

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Esas pestañas las ha diseñado alguien. Diseñarse se diseñan muchas cosas, pero en este caso hablamos de la interfaz de un programa. De este mismo que estás usando. Así que la próxima vez que te preguntes qué hace un diseñador de interfaz (lo sé, no puedes dormir por las noches por esto ¿verdad?) piensa que seguramente sea algo así:

  1. El director de proyecto se acerca al diseñador y le dice “Al final vamos a tener pestañas” — bien, hasta ahí todo controlado, la pesadilla viene después — “queremos ver algunas opciones.
  2. Venga que sí se puede. El diseñador abre varios navegadores para ver cómo lo están haciendo otros. Abre no solo navegadores sino todo programa que pueda tener algo que recuerde a una pestaña: Excel, Photoshop, y ese programa tan raro que usan los de Marketing, a ése también le echa un ojo. Seguramente navegue por alguna de sus páginas preferidas de diseño para seguir al día de las últimas tendencias.
  3. Después de uno o dos días tomando notas, mirando aquí y allá, llega el momento de “ponerse a trabajar.” No, eso no lo dice él porque él sabe de sobra el tiempo que le lleva dedicando a esto antes de dibujar una sola línea, pero sus compañeros de trabajo tienen el valor de hablar así. Prepara tres o cuatro variantes de pestañas. Del derecho y del revés, prueba cómo sería la pestaña activa, cómo sería una pestaña más grande, más pequeña. ¿Qué tal quedan si las hago rectangulares? ¿Con un poco de ángulo? ¿Todavía más ángulo? ¿Redondeo las esquinas?
  4. De aquí hay una clara ganadora. El diseñador ya empieza a visualizar lo bien que va a quedar cuando la integren en el producto. Empieza a encariñarse con ella. Qué digo encariñarse, empieza a creer que su idea es la mejor.
  5. Pero le pidieron opciones, así que se presenta con unas cuantas en una reunión a la que asiste el director de proyecto, el de ventas, uno de los programadores que lo tendrá que implementar y uno de los jefazos de la empresa, que no participa habitualmente del proyecto, pero el tema le interesa y cree que tiene cosas buenas que aportar. El diseñador va preparado, cargado de razones lo más objetivas posibles de por qué su diseño favorito es el mejor y se debería implementar. Todo el mundo tiene peros, pero… ¿Tiene “peros” el de ventas sobre el impacto en las ventas de cada diseño? No ¿Tiene el programador “peros” sobre lo difícil que será implementar cada uno de los diseños? No ¿Tiene “peros” el jefazo sobre lo que casa cada diseño con la cultura de empresa, los beneficios del trimestre o la zarandaja de turno que se le haya metido en la cabeza? No, para nada. Todos saben de diseño. Están al día de las últimas tendencias y no dudarán en sacar su iPhone para demostrarlo. Poco a poco el diseñador se va dando cuenta de que su idea no va a salir. Va tomando notas y tratando de conducir la discusión hacia algo razonable. Ya tenemos diseño para la pestaña.
  6. El diseñador sigue creyendo en su diseño. No es que le haya cogido cariño, es que sabe que era lo mejor para el programa y le han cortado las alas. Esto le cuesta mucha frustración, tres cabreos, algún que otro Tuit irónico pero completamente críptico para sus amigos de toda la vida y en general mucha desilusión. Resumiendo: se siente derrotado.
  7. Pero las cosas son así y hay que tirar hacia adelante, así que vuelve al día siguiente a trabajar muy duro en que los diseños aprobados queden correctamente implementados en el producto.

Y toda esta montaña rusa emocional pese a que están diseñando algo que llevas usando años y seguramente hoy haya sido la primera vez que te paras un segundo para mirarlo con detenimiento.

Sí. Sí. Llevo más años que tú pensando en esto mismo. Créeme.

P.D.: Tampoco sería raro que un tiempo después la competencia rediseñe sus pestañas, tire por el camino que tanto le gustaba a nuestro diseñador y mientras éste está ahí, mirando lo que han hecho y rumiando un poco de su frustración, le llegue por detrás el director de proyecto, o algún otro de aquella fatídica reunión y le diga algo en plan:

“¿Has visto las pestañas que le han metido al Safari? Qué cabrones estos de Apple. ¡Se las saben todas!”

La Experiencia de Usuario de disparar un rifle

Para empezar un pequeño disclaimer. Si no has leido este post de Samuel Hulick, leetelo ya. Se lee rápido y voy a esperar aquí a que lo termines.

What Game of Thrones Can Teach Us About UX Design

En caso de que te pienses que este es otro post más de qué puede [escribe aquí lo que quieras] enseñarnos / tener que ver / etc. con la Experiencia de Usuario… o lo que sea; no lo es. Esto no es más que tres ideas disparadas (literalmente) por este artículo en The Verge.

Under the gun: how the perfect rifle missed its target

Aunque el artículo es bastante extenso, tratando la historia del dearrollo de este producto, no dejo de pensar en este vídeo:

De todos los asuntos que podría imaginar abordados desde un punto de vista de Experiencia de Usuario, este es probablemente el último en que habría pensado, y aun así tiene muchísimo sentido. Quizás es porque soy muy ingenuo o a lo mejor es solo por todas las implicaciones éticas alrededor de esta industria, pero soy incapaz de decir cómo habría afrontado yo el problema si alguien me dice: “¿Puedes revisar la experiencia de usuario de dipsarar un arma de precisión?” Especialmente si trato de pensar en las metricas que tendría que usar para evaluar las mejoras. ¿Ves donde dice en el vídeo targets — objetivos — alcanzados? Todos sabemos qué pinta tienen esos targets en el mundo real, y no es algo agradable de pensar.

Pero si hago el esfuerzo de distanciarme un poco y trato de mirarlo sólo desde una perspectiva de Experiencia de Usuario se me ocurren tres ideas:

  • Este es un ejemplo más de cómo se puede mejorar la experiencia sólo con dejar que la tecnología se haga cargo de la complejidad asociada con una de las tareas del usuario. Vemos esta idea usada en un montón de sitios pero quizás este ejemplo sea la forma más cruda de visualizar este concepto.
  • Por una vez más es menos y eso es algo bueno. Han convertido un proceso de dos pasos (Apuntar -> Disparar) en uno de cuatro (Apuntar -> Marcar -> Apuntar -> Disparar) pero haciendo esos tres nuevos pasos infinitamente más sencillos que apuntar y disparar de la manera tradicional. Es bastante evidente (y da bastante miedo también), que el siguiente paso debería ser volver a poner estos pasos extra de nuevo en manos de la tecnología la complejidad que implica etiquetar al objetivo, para poder volver a un proceso de dos pasos, pero esta vez enormemente asistido por la tecnología.
  • Los resultados es probablemente lo que más miedo da de todo, y si no mirad a esta niña de 12 años usando el rifle.

Después de todo esto me queda una cuestión en la cabeza. ¿Hay alguien por aquí que piense que todo esto no tiene nada que ver con la Experiencia de Usuario? Sea sí o no me encantaría oir vuestra opinión.