El día que llegaron los monstruos

No hay mejor cura de humildad que una invasión alienígena. Tú ríete. Yo también me reía. Y me creía Dios. Pero en serio, hace falta un auténtico Apocalipsis, que deje a la humanidad al borde de la extinción para que seamos conscientes de lo que aportamos cada uno a este planeta y si no, echa un vistazo a mi alrededor.

La de mi derecha es Victoria. Me ha pedido que me aparte un poco para que no le quite nada de luz mientras sutura la pierna izquierda de Richi. Victoria es cirujana en el hospital universitario. Con dos cojones. La verdad es que todo ha sucedido muy rápido. La explosión fue muy fuerte y antes de que pudiera darme cuenta de quién gritaba, Victoria ya me tenía poniendo presión en la pierna mientras registraba como loca la cocina. Ha encontrado un carrete de hilo, de ese con el que normalmente se atan los asados. No había pasado ni un minuto y ya le tenía tendido sobre la mesa cosiendo una herida muy fea. No me preguntéis qué está usando de aguja porque tampoco lo quiero saber. Dice que dadas las condiciones es muy probable que se infecte, pero aun así prefiere lidiar con eso más tarde que dejar que se desangre ahora. Comparto su diagnóstico. Ya. Nadie me ha preguntado, ¿quién me iba a preguntar?

En la puerta están Car y Jon. Car es química en una farmacéutica. Se ha metido hace diez minutos en el cuarto de la limpieza y ha salido con una garrafa de Domestos tuneada con un poco de cinta americana, de la que colgaba un trozo de trapo de cocina. Ha podido acercarse a la puerta del restaurante usando las mesas para no ser vista donde ha prendido la mecha y ha lanzado el invento por la ventana y ha salido por patas. Algo me dice que había algo más que Domestos en esa garrafa porque la explosión ha sido tan grande que se ha llevado a tres lagartos por delante dándonos un poco de tregua por primera vez desde esta mañana. También ha provocado la onda expansiva que ha terminado con la antena de la radio clavada en la pierna de Richi. Sí, Richi es Teleco y estaba tratando de montar una radio con la que poder buscar ayuda porque los móviles dejaron de funcionar hace tres días. ¿Cómo no? Algo bueno tenía que tener, está claro que la humanidad no aprendió por sí sola cuántas fotos de gatitos eran demasiadas. Ahora en serio, espero que lo de la pierna no sea grave.

Jon ahora está revisando la zona para asegurarse de que podemos salir. “No sé qué son esas cosas ni cómo se comunican, pero en el momento que sepan que han perdido a tres de sus amiguitos van a mandar a mucha más gente y no van a estar contentos. Necesitamos salir de aquí. Y armas. Necesitamos armas.” Parece que los militares sólo saben arreglar las cosas con armas, y tal y como está el asunto no voy a empezar a quejarme ahora, pero a ver de dónde sacamos “armas” en el centro de Salamanca.

Éste es el panorama y ésta, a falta de saber lo que ha pasado con la mía, es mi familia por ahora nos necesitamos unos a otros para… ¿Qué? Ah, ¿yo? Sí, por poco se me pasa, qué cabeza. Yo soy diseñador gráfico. Hace tres días toda la humanidad — Bueno, hasta donde yo sé sólo la ciudad de Salamanca, vale, pero algo me dice que no vienes desde tan lejos para quedarte en Salamanca. A no ser que estén buscando piso para el curso que viene, claro. Si vienen buscando piso lo veo chungo porque está todo pillado desde junio — nos enfrentamos a algo que hasta entonces no creíamos ni que pudiera existir. Aquí los cuatro fantásticos han sido capaces de lidiar con lo desconocido, a vida o muerte, simplemente con lo que hacen rutinariamente en el trabajo. Y yo… yo puedo decirte si el menú está escrito en Helvética o en Arial. ¿Cómo te quedas?

Jon dice que está todo despejado y que deberíamos ir marchando. Victoria ha acabado con Richi, que va a necesitar ayuda para moverse así que voy a tener la oportunidad de sentirme un poco útil. Cosa que me da rabia porque le tenía echado el ojo a ese luminoso en Comic Sans que hay frente al restaurante.

— Tío Raúl, tío Raúl, cuéntanos otra vez la historia de lo que hiciste cuando llegaron los monstruos.
— Mirad niños, yo no sabía cómo curar a los supervivientes, no era capaz de construir nada con mis propias manos, ni siquiera matar a nada — ¿O sería nadie? — pero si la humanidad tenía aunque fuera una remota posibilidad de salvarse, pensaba librar al planeta de errores pasados, dejando detrás de mí un lugar más bello que el que me encontré.

Sí, no pienso dejar ni un solo cartel, luminoso o furgoneta rotulados en Comic Sans. Llámame superviviente. Y ni siquiera eso va a poder ser hoy. Está la pierna de Richi como para pensar en la belleza.

¿Me puedes diseñar algo que no se vea?

Coge algo cotidiano. Preferiblemente en el ordenador, aunque si consigo explicarme bien, cualquier cacharro que pilles por casa valdrá. Supongamos que te quedas con el navegador que estás usando ahora mismo. Tómate un minuto y busca algo que no te hayas parado a mirar nunca antes. Algo tan cotidiano que hasta hoy no te habías parado a pensar que fuese un “algo” que poder tener en cuenta. ¿Demasiado difícil? Te echo una mano. Mira a las pestañas de este navegador.

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Esas pestañas las ha diseñado alguien. Diseñarse se diseñan muchas cosas, pero en este caso hablamos de la interfaz de un programa. De este mismo que estás usando. Así que la próxima vez que te preguntes qué hace un diseñador de interfaz (lo sé, no puedes dormir por las noches por esto ¿verdad?) piensa que seguramente sea algo así:

  1. El director de proyecto se acerca al diseñador y le dice “Al final vamos a tener pestañas” — bien, hasta ahí todo controlado, la pesadilla viene después — “queremos ver algunas opciones.
  2. Venga que sí se puede. El diseñador abre varios navegadores para ver cómo lo están haciendo otros. Abre no solo navegadores sino todo programa que pueda tener algo que recuerde a una pestaña: Excel, Photoshop, y ese programa tan raro que usan los de Marketing, a ése también le echa un ojo. Seguramente navegue por alguna de sus páginas preferidas de diseño para seguir al día de las últimas tendencias.
  3. Después de uno o dos días tomando notas, mirando aquí y allá, llega el momento de “ponerse a trabajar.” No, eso no lo dice él porque él sabe de sobra el tiempo que le lleva dedicando a esto antes de dibujar una sola línea, pero sus compañeros de trabajo tienen el valor de hablar así. Prepara tres o cuatro variantes de pestañas. Del derecho y del revés, prueba cómo sería la pestaña activa, cómo sería una pestaña más grande, más pequeña. ¿Qué tal quedan si las hago rectangulares? ¿Con un poco de ángulo? ¿Todavía más ángulo? ¿Redondeo las esquinas?
  4. De aquí hay una clara ganadora. El diseñador ya empieza a visualizar lo bien que va a quedar cuando la integren en el producto. Empieza a encariñarse con ella. Qué digo encariñarse, empieza a creer que su idea es la mejor.
  5. Pero le pidieron opciones, así que se presenta con unas cuantas en una reunión a la que asiste el director de proyecto, el de ventas, uno de los programadores que lo tendrá que implementar y uno de los jefazos de la empresa, que no participa habitualmente del proyecto, pero el tema le interesa y cree que tiene cosas buenas que aportar. El diseñador va preparado, cargado de razones lo más objetivas posibles de por qué su diseño favorito es el mejor y se debería implementar. Todo el mundo tiene peros, pero… ¿Tiene “peros” el de ventas sobre el impacto en las ventas de cada diseño? No ¿Tiene el programador “peros” sobre lo difícil que será implementar cada uno de los diseños? No ¿Tiene “peros” el jefazo sobre lo que casa cada diseño con la cultura de empresa, los beneficios del trimestre o la zarandaja de turno que se le haya metido en la cabeza? No, para nada. Todos saben de diseño. Están al día de las últimas tendencias y no dudarán en sacar su iPhone para demostrarlo. Poco a poco el diseñador se va dando cuenta de que su idea no va a salir. Va tomando notas y tratando de conducir la discusión hacia algo razonable. Ya tenemos diseño para la pestaña.
  6. El diseñador sigue creyendo en su diseño. No es que le haya cogido cariño, es que sabe que era lo mejor para el programa y le han cortado las alas. Esto le cuesta mucha frustración, tres cabreos, algún que otro Tuit irónico pero completamente críptico para sus amigos de toda la vida y en general mucha desilusión. Resumiendo: se siente derrotado.
  7. Pero las cosas son así y hay que tirar hacia adelante, así que vuelve al día siguiente a trabajar muy duro en que los diseños aprobados queden correctamente implementados en el producto.

Y toda esta montaña rusa emocional pese a que están diseñando algo que llevas usando años y seguramente hoy haya sido la primera vez que te paras un segundo para mirarlo con detenimiento.

Sí. Sí. Llevo más años que tú pensando en esto mismo. Créeme.

P.D.: Tampoco sería raro que un tiempo después la competencia rediseñe sus pestañas, tire por el camino que tanto le gustaba a nuestro diseñador y mientras éste está ahí, mirando lo que han hecho y rumiando un poco de su frustración, le llegue por detrás el director de proyecto, o algún otro de aquella fatídica reunión y le diga algo en plan:

“¿Has visto las pestañas que le han metido al Safari? Qué cabrones estos de Apple. ¡Se las saben todas!”

La Experiencia de Usuario de disparar un rifle

Para empezar un pequeño disclaimer. Si no has leido este post de Samuel Hulick, leetelo ya. Se lee rápido y voy a esperar aquí a que lo termines.

What Game of Thrones Can Teach Us About UX Design

En caso de que te pienses que este es otro post más de qué puede [escribe aquí lo que quieras] enseñarnos / tener que ver / etc. con la Experiencia de Usuario… o lo que sea; no lo es. Esto no es más que tres ideas disparadas (literalmente) por este artículo en The Verge.

Under the gun: how the perfect rifle missed its target

Aunque el artículo es bastante extenso, tratando la historia del dearrollo de este producto, no dejo de pensar en este vídeo:

De todos los asuntos que podría imaginar abordados desde un punto de vista de Experiencia de Usuario, este es probablemente el último en que habría pensado, y aun así tiene muchísimo sentido. Quizás es porque soy muy ingenuo o a lo mejor es solo por todas las implicaciones éticas alrededor de esta industria, pero soy incapaz de decir cómo habría afrontado yo el problema si alguien me dice: “¿Puedes revisar la experiencia de usuario de dipsarar un arma de precisión?” Especialmente si trato de pensar en las metricas que tendría que usar para evaluar las mejoras. ¿Ves donde dice en el vídeo targets — objetivos — alcanzados? Todos sabemos qué pinta tienen esos targets en el mundo real, y no es algo agradable de pensar.

Pero si hago el esfuerzo de distanciarme un poco y trato de mirarlo sólo desde una perspectiva de Experiencia de Usuario se me ocurren tres ideas:

  • Este es un ejemplo más de cómo se puede mejorar la experiencia sólo con dejar que la tecnología se haga cargo de la complejidad asociada con una de las tareas del usuario. Vemos esta idea usada en un montón de sitios pero quizás este ejemplo sea la forma más cruda de visualizar este concepto.
  • Por una vez más es menos y eso es algo bueno. Han convertido un proceso de dos pasos (Apuntar -> Disparar) en uno de cuatro (Apuntar -> Marcar -> Apuntar -> Disparar) pero haciendo esos tres nuevos pasos infinitamente más sencillos que apuntar y disparar de la manera tradicional. Es bastante evidente (y da bastante miedo también), que el siguiente paso debería ser volver a poner estos pasos extra de nuevo en manos de la tecnología la complejidad que implica etiquetar al objetivo, para poder volver a un proceso de dos pasos, pero esta vez enormemente asistido por la tecnología.
  • Los resultados es probablemente lo que más miedo da de todo, y si no mirad a esta niña de 12 años usando el rifle.

Después de todo esto me queda una cuestión en la cabeza. ¿Hay alguien por aquí que piense que todo esto no tiene nada que ver con la Experiencia de Usuario? Sea sí o no me encantaría oir vuestra opinión.

Instrumentos, futuros, acciones… y vacas. Muchas vacas

Cuanto más aprendes cómo funcionan los mercados financieros más te das cuenta de que hay un lugar en el que el dinero se mueve de un lado a otro como lo hacen las cajas de pescado en una lonja por la mañana. No soy ningún experto, sólo trabajo diseñando una apps para operar en bolsa, así que me he propuesto explicar estas tres ideas en menos de cinco minutos para estar seguro de que lo he aprendido bien.

Instrumentos

Imagina que tienes vacas. No una vaquita no… tienes vacas, que dan leche, mucha. Esa leche la metes en cántaros de 25 litros y te la llevas al mercado para encontrar a gente que esté dispuesta a pagar por ella. Como los siete cántaros que llevas no son prácticos para recorrer el mercado buscando de comprador, a la puerta de la plaza han puesto una oficina a la que les dejas toda tu leche a cambio de un trozo de papel por cada cántaros que dice que eres el dueño de 25 litros de leche. Ahora sí, puedes entrar al mercado con siete trozos de papel que vas a vender a quien te de un precio que consideres justo. Tú te quedas con el dinero y él con el papel para cambiarlo por la leche, o por lo que sea. Te lo puede comprar el pastelero para hacer un pedido o te lo puede comprar alguien que no sabes a qué se dedica pero que te lo compra con la esperanza de encontrar en un par de horas a algún comprador que le mejore el precio. No le importa la leche: compra el papel barato, lo vende caro y se lleva la diferencia. La leche, los huevos, porque en el mercado también venden huevos, la carne o las acciones de Toyota son lo que se llaman instrumentos, que se compran y se venden alegremente en las bolsas de todo el planeta. Y cuando hablo del mercado de leche te imaginarás la plaza del pueblo y el siglo pasado, pero hoy en día puedes ir a una bolsa a comprar maiz, soja o casi casi lo que se te ocurra.

Futuros

Digamos que ademas de vacas tienes un cuñado que sabe de todo y te avisa de que en el próximo otoño van a abrir ese mercado a ganaderos de tres valles más. Va a ser más leche, por lo que puedes tener miedo de que en septiembre tu producción valga menos. Así que vas al mercado y además de los cántaros de leche que tienes hoy lo que haces es pedirle que te preparen otros siete papeles que digan que cada uno vale por 25 litros de leche pero que el compromiso será entregarlos el día 1 de septiembre en vez de hoy mismo. Esos papeles los vendes igual que los del punto anterior, con la diferencia de que estos no se pueden canjear por la leche hasta el día fijado, cuando completará el intercambio valga lo que valga la leche en ese momento. Te estarás dando cuenta que tanto tú como tu comprador estáis haciendo una apuesta. Tú tienes miedo de que el precio baje y prefieres asegurarte un dinero ahora, pero como el día llegue y en el mercado la leche se esté cambiando al doble de precio no habrá nada que puedas hacer (aparte de tirarte de los pelos, claro). Tu comprador espera lo contrario. No necesita la leche ahora, pero tiene miedo de que el precio vaya a subir. Y como pasaba en el punto anterior los hay a los que la leche se la trae al pairo y directamente juegan a ver qué va a pasar. Y de nuevo, quien dice leche, dice acciones de Twitter. ¿A alguien más le recuerda esto a un casino? Estos papeles en los que hoy me das el dinero y en el futuro te doy la mercancía son los futuros.

Opciones

Rizando el rizo, tú un día llegas al mercado y se te acerca uno de estos tíos con miedo de que la leche suba de precio en un mes. El tío va y te dice: “Mira, el 1 de septiembre necesito 75 litros de leche, y no puedo pagar más de 300€ por ellos. Si te parece bien yo te pago 20€ ahora por la opción (pero no la obligación) de comprarlos ese día y a ese precio”. Esos 20€ ya no te los va a quitar nadie. Si llega septiembre, aunque pudieras ir al mercado y vender esos 3 cántaros de leche por 370€ tendrás que aceptar los 300€ que acordaste con tu comprador. Sin embargo si esa misma leche vale 280€ tu comprador no hará efectivo ese trozo de papel, dará sus 20€ por perdidos y se irá al mercado a comprar la leche más barata. No está obligado, sólo tiene la opción de ejecutar ese contrato y de ahí su nombre.

Papel y más papel

Si habéis llegado hasta aquí y lo habéis entendido todo (significa que lo he hecho mejor de lo que esperaba), espero que veáis que no es tan complicado de entender como nos lo pintan (eso sí, no tendría ni idea de cómo ganar ni un céntimo con todo esto). Y ahora visualizad dos cosas. Primero, el señor que tiene las vacas y el que necesitan la leche para comer dan igual en estos mercados, pues están dominados por esos tipos que compran el trozo de papel con la esperanza de venderlo a un precio un poco mejor. Llegan y se van cada día de ese mercado sin mercancía, solo con dinero, esperando que el montoncito sea cada día un poco mayor que el anterior. Y segundo, párate a pensar que el papel es tan del siglo XX que está pasado de moda. Ahora todo son entradas en una base de datos y números en una pantalla de ordenador. ¿Entendéis ahora por qué hay tanta gente trabajando conmigo que en vez de experiencia diseñando o programando software para bolsa vienen del mundo de las apuestas online?

Adorable ¿verdad?

Redundancias

Hoy, al poco de entrar en la oficina mi jefe me ha felicitado porque he cumplido mi “probation period”. Así se han llamado mis tres primeros meses de trabajo en Caplin. Una vez cumplidos ya soy de manera oficial un trabajador permanente de esta empresa. Aunque en realidad cumplí los tres meses el pasado día 19, como os decía, mi jefe me ha pillado por banda, me ha dado la enhorabuena y me ha felicitado porque el feedback de mi trabajo está siendo bueno “desde todos los niveles de la empresa”, lo cual suena bastante bien. Un día para estar contento.

Y entonces nos han juntado en la sala de conferencias para hablarnos sobre los nuevos dueños de la empresa (hemos sido adquiridos hace menos de un mes) y sobre cómo han llegado a la conclusión de que para poder crecer tenemos que reducir costes. Vamos, que unos 20 de mis compañeros (de algo más de 100 en toda la empresa) se han vuelto hoy para casa con todo lo que tenían desperdigado por el escritorio.

No quiero sonar dramático. Sé que esto pasa todos los días, que no es agradable, que la mayoría de ellos encontrará trabajo rápido y que si miras a los números es verdad, hay que reducir costes, pero tampoco se puede evitar que esos números tengan cara y que los que nos quedamos no sepamos qué hacer aparte de mirar cómo pasan las horas en este día tan extraño. Hoy la gente apenas es capaz de hacer nada. Les ves vagando por la oficina, hablando con gente con la que habitualmente no tratan y teniendo conversaciones que empiezan con un “vaya día” y acaban tratando los temas más trascendentales de la vida.

Y además he aprendido otra cosa. En Reino Unido, para que te despidan tienes que liarla muy parda. Solo por una falta grave de conducta o por un incumplimiento de contrato te pueden oficialmente “despedir”. Pero en este caso, que ninguno de los 20 ha hecho nada de eso, lo que hacen es determinar que su puesto de trabajo simplemente ya no es necesario y a eso lo llaman hacer tu puesto redundante. Bonito nombre ¿eh?

Total, que hoy han hecho redundantes a 20 compañeros míos. Odio los eufemismos.

Líbranos señor

Behance es uno de esos sitios a los que los diseñadores nos escapamos cuando queremos huir de un cliente con complejo de inferioridad o de un project manager sabelotodo. Ese pozo en el que nos refugiamos para recordar que todavía existe la belleza y que en algún lugar nos aguarda un mundo en el que el diseño no es más que la palabra de Jonny Ive encarnada. Por eso o porque nos hayan cerrado el bar que pone los Gin Tonic, una de dos.
Para los profanos, así resumiendo, Behance es un Facebook pero para diseñadores y creativos de todo pelaje donde vemos quién la tiene mas grande compartimos con la comunidad nuestro trabajo con la comunidad para poder hacer networking y ampliar así nuestra marca personal. Como imagino que te asaltarán las preguntas sobre este mágico lugar aquí te dejo unas cuantas respuestas.

1. Is this real?

Sí, claro, verdad de la buena.
No, mentira. Behance es al diseño lo que Photoshop a una modelo. Te encanta navegar por todos esos diseños de webs y kickass apps, pero lo haces a sabiendas de que o bien a) nunca se llegó a hacer, es solo la ida de olla de un diseñador que quiere ampliar portfolio pero ni se ha planteado lo que implicaría producir ese descollante diseño (ya no hablemos de usarlo para… algo….); o b) el diseñador ha compartido el último estado en el que estuvo enamorado de su creación, que suele ser justo antes de enseñárselo al cliente, o al project manager, porque a partir de ahí… Ay, no puedo hablar de ello ¿vale?

2. ¿Y como funciona?

Es fácil, solo tienes que aprender su idioma, bueno, y diseñar algo claro, eso también. Pero no te preocupes, es bien sencillo, se coge rápido sólo hay que dominar dos movimientos.
  • El ‘Like’, o ‘Me gusta’: que significa: “Por favor, diseñador completamente ajeno a mi conocimiento pero con un zillón de seguidores, sería usted tan amable de pasarse por mi portfolio?”
  • Comentar en un projecto “Nice work” o similar, que significa: No tengo problema en estar haciéndote la rosca día y noche, pero ni se te ocurra comentar hablándome de tus mierdas, si no me vas a ‘followear’ (uisss… casi eh) dilo ya que me dejo de historias.

3. ¿Puedo participar?

Sí claro, es gratis, y cuanto antes empieces, antes podrás convertirte en una superestrella del universo Behance. Todo esto que tienes ante ti, algún día podría ser tuyo.

4. ¿Aquello del fondo también?

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Aquello del fondo es Dribbble
Ahí no debes ir nunca.
¡JAMAS!

Fallar

Si algo me gusta del rugby es saber que voy a volver a fallar, creo que por eso jugamos.

Espera, ¿qué? ¿Para eso juego? ¿Para fallar?

No no, “para” no, “por”.

Odiaba a los estudiantes de español en Estados Unidos cuando me preguntaban “¿Por qué has dicho ‘para’ en vez de ‘por’?”. ¡No soy filólogo! ¡No sé por qué! Sé que es así y ya está. – Realmente me tocaba pensar y responder.

Así que no juego al rugby para fallar, sino por las veces que fallo. Nadie sale al campo diciendo “Verás qué pase de amigo le doy al apertura hoy”. Sí, odias su magnífico y sedoso peinado, pero eso no es motivo. El equipo está siempre por encima de ti y de su pelo. Sales al campo por todos tus fallos. Por ese compañero que te viene comiendo los huevos y que como te descuides te quita el puesto (sí, el rugby es un deporte de equipo, y si sale él lo hará mejor y habrá que estar cuando se me necesite pero ¡hostia! Quiero jugar); por el tarugo del otro equipo que te dejó la mano en los morros y al que llevas esperando desde la primera vuelta; por la cruz que todavía no se cree ¡NI LA ABUELA DE TU ENTRENADOR! (o al menos eso dice). Es por todo eso por lo que jugamos, es por lo que tenemos ganas de volver a saltar a un campo y por lo que cuando lo hagamos seremos mejores.

Cuatro veces fallé el mismo placaje en apenas un día y acabó como tenía que acabar: Con la ceja cosida, hielo en la cara y pensando en la próxima ocasión. Ese próximo partido o entrenamiento en el que busque el mismo hueco, la misma carrera mía y de mi rival. Que la esté esperando no me garantiza que no vuelva a fallar, a lo mejor todavía no he aprendido lo suficiente. Pero estoy seguro de que algún día lo aprenderé, no porque me quede esperando ese placaje que siempre me sale mal, sino porque lo iré buscando hasta que me salga bien.

Por eso jugamos, porque fallamos. Porque no nos escondemos de lo que nos tumba, ni siquiera nos conformamos con estar esperándolo. Jugamos porque fallamos y vamos buscando ese fallo hasta que no se repita nunca más.

P.D.: Sí, estaba buscando una excusa para compartir la foto ¡Qué pasa!

Descubriendo Bitcoin

Tengo el problema que de vez en cuando me enfermo con determinados temas. Oí hablar de Bitcoin por primera vez hace aproximadamente un año, en plena burbuja post-Silk Road y no le presté demasiada atención. Ha sido en verano cuando por fin he puesto un poco de interés por entender de qué se trataba y me ha sorprendido mucho lo que he aprendido.

Charrosfera está organizando una serie de charlas tituladas “Tecnología para todos” con la intención de tener un papel divulgativo en determinados aspectos sobre los que no se pone la debida atención y me han pedido que abra fuego con el Bitcoin. No soy ningún experto, por eso el encuentro se va a titular “Descubriendo Bitcoin”, porque voy a compartir lo que he podido aprender sobre esta tecnología y sobre qué la hace tan fascinante y porque en la charla posterior espero poder seguir descubriendo cuántas cosas me quedan por aprender. Si te interesa nos vemos el próximo jueves 9 de octubre a las 20:00 en el bar ‘Local Hero’ de Salamanca, en Crespo Rascón 11.

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Si redujese mis logos

La semana pasada publicaban en FastCo.Design ‘What Corporate Logos Would Look Like If You Shrank Them’. Como ya en pasados blogs he abusado de publicar refritos y referencias, de esa entrada os dejaré solo el enlace y mi enérgica recomendación de que no os lo perdáis. Ya que la idea para este espacio es publicar contenido original siempre que sea posible, aquí quedan algunos logos que he ido diseñando en mi corta carrera, en sus versiones más compactas.

Hay de todo. No son todos conceptos súper sesudos. Unos están más logrados que otros. Unos me llevaron días hasta dar con la clave y otros surgieron de la manera más espontanea porque había que cubrir una necesidad de forma rápida. No son muchos pero verlos así juntos me da otra perspectiva, de mis manías, costumbres, fortalezas y debilidades. Seguiré echando la mirada atrás de vez en cuando.

Obture CODE, la productora digital que fundé con Carlos Jiménez, Cristina Folgueral y Carlos Álvarez
Obture CODE, la productora digital que fundé con Carlos, Cris y Husky.
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Asesoría Pereña es nuestra gestoría. Ya os expliqué un poco este logo.
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De Pinchos es la App que desarrollamos para la Feria de día de Salamanca desde 2011
Logo e identidad para Aira
A comienzos de año diseñé la portada de Little Lights, de Aira para un gran amigo y aprovechamos para dejar hecho algo con identidad propia.
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Sampler es un laboratorio de análisis clínicos para el que estoy desarrollando la identidad visual
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Calendomanía es una app para la gestión de eventos para la comunidad médica.

Link: What Corporate Logos Would Look Like If You Shrank Them, en FastCo.Design.