Instrumentos, futuros, acciones… y vacas. Muchas vacas

Cuanto más aprendes cómo funcionan los mercados financieros más te das cuenta de que hay un lugar en el que el dinero se mueve de un lado a otro como lo hacen las cajas de pescado en una lonja por la mañana. No soy ningún experto, sólo trabajo diseñando una apps para operar en bolsa, así que me he propuesto explicar estas tres ideas en menos de cinco minutos para estar seguro de que lo he aprendido bien.

Instrumentos

Imagina que tienes vacas. No una vaquita no… tienes vacas, que dan leche, mucha. Esa leche la metes en cántaros de 25 litros y te la llevas al mercado para encontrar a gente que esté dispuesta a pagar por ella. Como los siete cántaros que llevas no son prácticos para recorrer el mercado buscando de comprador, a la puerta de la plaza han puesto una oficina a la que les dejas toda tu leche a cambio de un trozo de papel por cada cántaros que dice que eres el dueño de 25 litros de leche. Ahora sí, puedes entrar al mercado con siete trozos de papel que vas a vender a quien te de un precio que consideres justo. Tú te quedas con el dinero y él con el papel para cambiarlo por la leche, o por lo que sea. Te lo puede comprar el pastelero para hacer un pedido o te lo puede comprar alguien que no sabes a qué se dedica pero que te lo compra con la esperanza de encontrar en un par de horas a algún comprador que le mejore el precio. No le importa la leche: compra el papel barato, lo vende caro y se lleva la diferencia. La leche, los huevos, porque en el mercado también venden huevos, la carne o las acciones de Toyota son lo que se llaman instrumentos, que se compran y se venden alegremente en las bolsas de todo el planeta. Y cuando hablo del mercado de leche te imaginarás la plaza del pueblo y el siglo pasado, pero hoy en día puedes ir a una bolsa a comprar maiz, soja o casi casi lo que se te ocurra.

Futuros

Digamos que ademas de vacas tienes un cuñado que sabe de todo y te avisa de que en el próximo otoño van a abrir ese mercado a ganaderos de tres valles más. Va a ser más leche, por lo que puedes tener miedo de que en septiembre tu producción valga menos. Así que vas al mercado y además de los cántaros de leche que tienes hoy lo que haces es pedirle que te preparen otros siete papeles que digan que cada uno vale por 25 litros de leche pero que el compromiso será entregarlos el día 1 de septiembre en vez de hoy mismo. Esos papeles los vendes igual que los del punto anterior, con la diferencia de que estos no se pueden canjear por la leche hasta el día fijado, cuando completará el intercambio valga lo que valga la leche en ese momento. Te estarás dando cuenta que tanto tú como tu comprador estáis haciendo una apuesta. Tú tienes miedo de que el precio baje y prefieres asegurarte un dinero ahora, pero como el día llegue y en el mercado la leche se esté cambiando al doble de precio no habrá nada que puedas hacer (aparte de tirarte de los pelos, claro). Tu comprador espera lo contrario. No necesita la leche ahora, pero tiene miedo de que el precio vaya a subir. Y como pasaba en el punto anterior los hay a los que la leche se la trae al pairo y directamente juegan a ver qué va a pasar. Y de nuevo, quien dice leche, dice acciones de Twitter. ¿A alguien más le recuerda esto a un casino? Estos papeles en los que hoy me das el dinero y en el futuro te doy la mercancía son los futuros.

Opciones

Rizando el rizo, tú un día llegas al mercado y se te acerca uno de estos tíos con miedo de que la leche suba de precio en un mes. El tío va y te dice: “Mira, el 1 de septiembre necesito 75 litros de leche, y no puedo pagar más de 300€ por ellos. Si te parece bien yo te pago 20€ ahora por la opción (pero no la obligación) de comprarlos ese día y a ese precio”. Esos 20€ ya no te los va a quitar nadie. Si llega septiembre, aunque pudieras ir al mercado y vender esos 3 cántaros de leche por 370€ tendrás que aceptar los 300€ que acordaste con tu comprador. Sin embargo si esa misma leche vale 280€ tu comprador no hará efectivo ese trozo de papel, dará sus 20€ por perdidos y se irá al mercado a comprar la leche más barata. No está obligado, sólo tiene la opción de ejecutar ese contrato y de ahí su nombre.

Papel y más papel

Si habéis llegado hasta aquí y lo habéis entendido todo (significa que lo he hecho mejor de lo que esperaba), espero que veáis que no es tan complicado de entender como nos lo pintan (eso sí, no tendría ni idea de cómo ganar ni un céntimo con todo esto). Y ahora visualizad dos cosas. Primero, el señor que tiene las vacas y el que necesitan la leche para comer dan igual en estos mercados, pues están dominados por esos tipos que compran el trozo de papel con la esperanza de venderlo a un precio un poco mejor. Llegan y se van cada día de ese mercado sin mercancía, solo con dinero, esperando que el montoncito sea cada día un poco mayor que el anterior. Y segundo, párate a pensar que el papel es tan del siglo XX que está pasado de moda. Ahora todo son entradas en una base de datos y números en una pantalla de ordenador. ¿Entendéis ahora por qué hay tanta gente trabajando conmigo que en vez de experiencia diseñando o programando software para bolsa vienen del mundo de las apuestas online?

Adorable ¿verdad?

Líbranos señor

Behance es uno de esos sitios a los que los diseñadores nos escapamos cuando queremos huir de un cliente con complejo de inferioridad o de un project manager sabelotodo. Ese pozo en el que nos refugiamos para recordar que todavía existe la belleza y que en algún lugar nos aguarda un mundo en el que el diseño no es más que la palabra de Jonny Ive encarnada. Por eso o porque nos hayan cerrado el bar que pone los Gin Tonic, una de dos.
Para los profanos, así resumiendo, Behance es un Facebook pero para diseñadores y creativos de todo pelaje donde vemos quién la tiene mas grande compartimos con la comunidad nuestro trabajo con la comunidad para poder hacer networking y ampliar así nuestra marca personal. Como imagino que te asaltarán las preguntas sobre este mágico lugar aquí te dejo unas cuantas respuestas.

1. Is this real?

Sí, claro, verdad de la buena.
No, mentira. Behance es al diseño lo que Photoshop a una modelo. Te encanta navegar por todos esos diseños de webs y kickass apps, pero lo haces a sabiendas de que o bien a) nunca se llegó a hacer, es solo la ida de olla de un diseñador que quiere ampliar portfolio pero ni se ha planteado lo que implicaría producir ese descollante diseño (ya no hablemos de usarlo para… algo….); o b) el diseñador ha compartido el último estado en el que estuvo enamorado de su creación, que suele ser justo antes de enseñárselo al cliente, o al project manager, porque a partir de ahí… Ay, no puedo hablar de ello ¿vale?

2. ¿Y como funciona?

Es fácil, solo tienes que aprender su idioma, bueno, y diseñar algo claro, eso también. Pero no te preocupes, es bien sencillo, se coge rápido sólo hay que dominar dos movimientos.
  • El ‘Like’, o ‘Me gusta’: que significa: “Por favor, diseñador completamente ajeno a mi conocimiento pero con un zillón de seguidores, sería usted tan amable de pasarse por mi portfolio?”
  • Comentar en un projecto “Nice work” o similar, que significa: No tengo problema en estar haciéndote la rosca día y noche, pero ni se te ocurra comentar hablándome de tus mierdas, si no me vas a ‘followear’ (uisss… casi eh) dilo ya que me dejo de historias.

3. ¿Puedo participar?

Sí claro, es gratis, y cuanto antes empieces, antes podrás convertirte en una superestrella del universo Behance. Todo esto que tienes ante ti, algún día podría ser tuyo.

4. ¿Aquello del fondo también?

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Aquello del fondo es Dribbble
Ahí no debes ir nunca.
¡JAMAS!

Me paso a Sketch

Desde que me dedico a esto he pasado por todo el espectro que ofrece Adobe con el que poder diseñar interfaces, básicamente Photoshop, Illustrator y Freehand (llegué a este mundillo justo cuando se cargaron Freehand así que no tuve necesidad de reconvertirme), todos con sus pros y sus contras:

  • Photoshop. Pro: se puede hacer de todo con él y por supuesto incluye herramientas necesarias para diseñar y recortar interfaces. Además, no te van a faltar toneladas de recursos en internet: tutoriales, técnicas, pinceles, brochas, etc. Contra: Al ser en origen una app de edición fotográfica, está más pensada para trabajar con capas que con las formas que la contienen. Aunque tiene un método de selección directa, esta característica puede acabar siendo un lastre en tu productividad.
  • Illustrator. Pro: Trabaja con vectores, lo que es ideal para redimensionar ahora que una app para Android tiene que contemplar de tres a cuatro resoluciones más las dos que hay que preparar para iOS. Además te permite interactuar directamente con los objetos que dibujes a cambio de que dejes de pensar en capas. Contra: es un programa enorme y muy pesado. Y en cuanto trazas los sectores para exportar los diferentes elementos de la interfaz, empieza a moverse como un hipopótamo con artritis. A mayores, es insufrible para afinar la conversión de los vectores a píxeles en busca del ansiado ‘píxel perfect’.
  • Fireworks. Pro: Trabajas con vectores pero siempre con la web en mente, en ningún momento dejas de ver los píxeles y además tiene funciones de ‘ajustar a pixel’ que funcionan de manera decente. Contra: a nivel de interfaz parece anclado en el pasado, herencia directa de la antigua Macromedia, dejando una interacción que ralentiza mucho el flujo de trabajo.

¿Qué aporta Sketch?

Sketch es una herramienta de dibujo vectorial para Mac con tres puntos fuertes:

  • Precio: 70€. No, no es dinero para un software de diseño que te permite agilizar tu flujo de trabajo.
  • Reutilización:  Se pueden definir estilos de texto aplicados en cualquier elemento para ser reutilizados en cualquier momento. De manera parecida se pueden agrupar determinados elementos y convertirlos en un símbolo. Por supuesto, puedes hacer esto con los otros programas, pero en ninguno están tan bien integradas con tu flujo de trabajo. Si en una instancia particular de tu símbolo o estilo descubres que deberías modificar algo, se actualizará en vivo a todas las instancias del mismo estilo o símbolo.
  • Exportar: Cuando diseñas una interfaz, después de pintar cada pantallas, para pasar a producción se deben extraer los diferentes elementos de manera individual para que en programación se puedan aplicar como apariencia de cada componente. Aislar estos elementos obligaba a una tediosa fase de trabajo que te tenía varios días definiendo sectores, encendiendo y apagando capas. Además, para aplicaciones móviles te veía obligado a redimensionar estos gráficos para tenerlos listos para todas las resoluciones. En cambio, en Sketch, cada elemento cuenta con propiedades de exportación que podrás definir a tu gusto: nombre, cuántas copias y con qué tamaños necesitas de cada elemento. Si vas definiendo esto a medida que creas cada elemento, luego te hace la exportación de todos los gráficos de una sola vez, ahorrándote algún que otro día de trabajo
    Captura de pantalla 2014-07-27 a la(s) 12.25.29
    Insertar y exportar símbolos. Lo mejor de Sketch en una imagen.

    .

La verdad es que resulta difícil escribir sobre ello, porque el cambio es algo que se siente. Si te dedicas a esto, dale una oportunidad a la prueba gratuita. Es un programa nuevo, al principio te sentirás más torpe, pero en cuanto veas cómo agilizas tu flujo de trabajo de cara a la producción de tus diseños no querrás usar otra cosa.

Cómo se pinta un botón

Seguramente no piensas en un botón. Los tocas, pulsas, aprietas, haces tap o click, pero no mucho más porque simplemente están ahí. Es mi trabajo el que me obliga a darle vueltas a ese botón precisamente para conseguir eso: que tú no tengas que pensar en un botón. Y cuando los botones pasan de ser algo físico, con tacto, con presión, con textura, a unos cuantos puntos iluminados en una pantalla, conseguir esto es tan sencillo o tan difícil como comunicarte una idea: que sepas que aquí se puede tocar.

Cuando la tecnología se renueva, su éxito de depende de que desde el primer contacto ya te sientas familiarizado con ella. Los primeros botones táctiles tienen que ser familiares, recordar a uno de verdad: tienen volumen, son gorditos, de esquinas redondeadas, la luz se refleja en ellos, proyectan una leve sombra sobre el fondo y el texto se graba sobre ellos como un bajorelieve. Decía Steve Jobs que tenían que parecer tan deliciosos que casi te diesen ganas de chuparlos. Kilos de ornamentación y efectos al servicio de una función: que los sientas como algo conocido.

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Pasa lo que pasa siempre. Que tú te acostumbras, vas teniendo ocasión de usar más y más de estas nuevas pantallas y vas aprendiendo qué es un botón; vas aprendiendo dónde tocar y esperar que ocurra algo. Pasa que los diseñadores siempre queremos decir lo mismo con menos. Vemos que sobran cosas, que un brillo se cae, que una redondez se va, que un volumen no hace falta porque sigues sabiendo dónde tocar.

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Y cada vez son más las pantallas y menos lo que necesitamos. Un rectángulo es más que suficiente. Las esquinas redondeadas ya nos aburren (no me gusta decir te lo dije, pero te lo dije ). Si tienes el día barroco, le cascas un borde blanco bien gordo y te quedas como un rey.

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Seguramente sigas sin pensar en un botón. Tantas y tantas pantallas has tocado que es fácil saber dónde se puede tocar. Toca con tranquilidad. Pide perdón antes que permiso. Cualquier cosa puede ser un botón, un recuadro de color, una imagen, o una línea de texto, sencilla pero clara.

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